Sobre las Chuchis
Sobre Las Chuchis
Las Chuchis nació allá por 2016, fruto de una mezcla muy bonita entre el cariño por mi tierra, las ganas de crear con mis manos y el deseo de recuperar oficios tradicionales que estaban perdiéndose. Empezó siendo un proyecto pequeñito, casi íntimo, en el que hacía prendas para mis hijos, mi familia y para mí. Poco a poco, lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en una marca con identidad propia, muy ligada a La Graciosa y a su manera de vivir.
Elegí el nombre Las Chuchis porque transmite cercanía, alegría y ese toque espontáneo que forma parte de mi esencia. Desde siempre muchas personas me conocen como Chuchi, así que quería que la marca llevara un pedacito de mí. La idea del nombre surgió de mi sobrina, que un día dijo espontáneamente “Las Chuchis”, y enseguida supe que así tenía que llamarse. Es un nombre que me conecta con mis recuerdos familiares y con expresiones cariñosas que escuché desde pequeña. Buscaba algo auténtico, desenfadado y muy nuestro; un nombre que, al escucharlo, sacara una sonrisa e invitara a acercarse sin formalidades.
Mi camino en la costura comenzó casi sin darme cuenta. Siempre he sido muy curiosa con las manos: cortar, unir, transformar… Pero coser llegó a mi vida como una forma de expresarme, de dar salida a mi creatividad y de crear algo que fuera realmente mío. Cuando mis hijos eran pequeños empecé a hacerles ropa, y también disfraces y prendas para mi familia en carnavales. Después seguí con pequeños arreglos y diseños sencillos, y en cuanto descubrí lo que se podía lograr con tela, hilo, paciencia y creatividad, ya no hubo marcha atrás.
Aprendí observando a mi madre y a mis tías, que fueron mi primera escuela. Con el tiempo seguí formándome por mi cuenta, con libros, curiosidad y muchísima práctica. La verdad es que casi todo lo he aprendido sola: equivocándome, descosiendo y volviendo a intentarlo todas las veces que hiciera falta.
De todo este proceso, lo que más disfruto es ver cómo una idea empieza a tomar forma. Me encanta elegir las telas, combinar colores y jugar con las texturas. Pero el momento más especial llega cuando la camisa ya está montada: ahí es donde la prenda comienza a contar su propia historia. En ese instante puedo ver cómo cada detalle refleja el cariño, el tiempo y la dedicación que invierto para convertirla en una pieza única. Esa transformación —de un simple trozo de tela a una prenda con personalidad— es lo que más me llena.
Cada camisa tiene su propio carácter. Ninguna es igual a otra.